Review by Manolo Escutia

La belleza del rostro es frágil, es una flor pasajera

La belleza del alma es firme, es segura. Moliére.

La interconectividad ha dado pasos tan importantes que anteriormente

hubieran sido imposible imaginar. La aldea global ha acercado, para bien o

para mal, al individuo planetario, que cada vez va siendo más proclive a

conocer de primera mano, gracias a los medios electrónicos, culturas y

hábitos sociales a nivel mundial. Entender y aceptar las diferencias y las

similitudes han creado una nueva conciencia, marcada ésta por lo exótico,

es decir lo externo y lo propio, como vasos interconectados entre sí.

El arte ha conseguido que culturas antes desconocidas, sean valoradas

por un número cada vez mayor de individuos. En la actualidad se dificulta

más llamar a engaño o a trampas, como lo hicieron aquellos viajeros

aventureros, que, con desconocimiento de las diferentes culturas,

falseaban la realidad con obras que no cumplían con un mínimo de

respeto a las tradiciones, ni entendían al otro.

El costumbrismo fijaba la mirada en la epidermis solamente. Artistas

como Gauguin, quien decide asentarse en la isla de Tahiti , es un claro

ejemplo de un artista que ve lo exótico sin profundizar en su contexto

social.

Isabel Zaman, artista mexicana, va en la dirección opuesta. A la

epidermis, lo contrasta con la psique, es decir, del conocimiento exterior

solamente, al reconocimiento interno. Es en este sentido que la artista

provoca una mirada diferente, marcada esencialmente en el respeto y la

valoración.

Conocedora ampliamente de las tradiciones mexicanas, buscará las

conexiones que se encuentran en países tan lejanos como Bangladesh. La

artista asume ese papel de puente entre culturas distantes, pero que en el

fondo tienen similitudes; más allá de estereotipos, idioma y usos y

costumbre, subyace lo que nos une.

En la obra de Isabel la figura humana tiene una solidez extraordinaria.

Señalábamos que la psique, el estrato interno, juega en su obra un papel

preponderante.

Fiel a su preocupación por la condición humana, sobre todo en la

femenina, la artista nos reflexiona sobre un flagelo que azota por igual a la

mujer en todo el mundo: el cáncer de mamá. En su obra, no intenta

condenar ni reclama, todo lo contrario, ella asume el papel de puente para

tratar el tema de una manera digna. La esperanza que provoca esa mirada

nos la devuelve con sutileza; una flor blanca, limpia y luminosa, simboliza

esa esperanza. Un reloj, con marcha atrás marca un tiempo que pasa para

dar paso a un futuro mas provisorio, y en donde de todas las mujeres, no

importa raza, religión o condición económica, sean bendecidas para que

este flagelo, en este caso el cáncer de mamá, sea eliminado por completo.

En una de sus más célebres óleos: “Mistry” un rostro cubierto por un

niqab finamente decorado, destaca un ojo de un verde azul intenso,

profundo y dulce, cuya mirada deja al lado cualquier signo de

desesperanza, y sin embarga nos cautiva la candidez por la que asoma una

lágrima…por ella, por todas las mujeres que han sido vejadas, sustraídas

de su libertad y su condición de ser humano. Isabel no hace apología de

esto, ni esconde la belleza del rostro, pero si señala, con ética, un

fenómeno universal, que no hay que dejar de lado.

“Libertad”, (acrílico sobre tela) es una obra sugerente y potente, donde

una mujer desnuda, sin artificios, grita su postura dentro de un mundo

machista que le ha negado su espacio vital.

Fiel a su postura ética, la artista plantea la disyuntiva en la que se

encuentra la mujer en nuestra sociedad actual. Un rostro dividido:

marcado por el ácido en una sección, comparte espacio con una imagen

límpida. El dolor y la esperanza. El Horror y la belleza. Obra reflexiva que

apunta a una de las tragedias mas conocidas en culturas donde se mueven

usos y costumbres, deudas de honor y un fehaciente rechazo a la mujer

en general.

Isabel Zaman, artista de dos mundos, el mexicano y el bangladeshí, se

sumerge también en las tragedias que se dan tanto en su país de origen,

como su país de familia. En “Immortal”, dos manos emergen en un cúmulo

de piedras y cemento, que describen una de las tragedias cotidianas

cuando la corrupción y la falta de ética de algunos constructores

destruyen vidas enteras en procura de beneficios económicos inmediatos.

Un edificio colapsa dejando muerte y desolación a familias enteras.

En la obra de Isabel reconocemos el carácter que imprime a la obra

donde la figura humana es el punto de inflexión. En otros, la abstracción

juega un papel de suma importancia. Si en su momento la artista realizó

una obra donde la bandera nacional bangladeshí es el punto focal, ahora

toca otro de los símbolos que le pertenecen: la bandera mexicana. La

reinterpretación en esta obra se da en el colorido de la misma.

Hemos apuntado el carácter ético y moral de la artista mexicana, su

preocupación por los que tienen menos o nada y por la condición de la

mujer en una sociedad que le niega un espacio natural de convivencia

entre iguales, que la veja, que la anula. Por supuesto, nada de esto tendría

valor si detrás de ello no hubiera una bien cimentada carrera artística y

un dominio de las técnicas: óleo, acrílico, pastel, técnicas mixtas. Isabel

Zaman, artista que se mueve en dos mundos distantes y a la vez

interconectados, ha tocado fibras que mueven a la reflexión, de ahí su

carácter universal.

Manolo Escutia

Author: Isabel Zaman

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